AVISO: SI NO HAS LEÍDO “GALES”, DEBES SABER QUE EL PRESENTE PRÓLOGO CONTIENE SPOILERS.
El viajero estaba cansado.
Se hallaba a punto de darse por vencido. Eran ya demasiados los meses dedicados en exclusiva a una misión que desde el principio supo sería de una extraordinaria dificultad. Podría no resultar peligrosa en exceso, pero verla consumada con éxito supondría el mayor reto de su vida hasta el momento.
La taberna, como tantas otras que había conocido en su periplo, olía a vino rancio y a kretor. Desde que estas criaturas descubrieran, siete años atrás, que su cuerpo sí admitía el licor cuando éste estaba en proceso de descomposición, apenas se dedicaban a otra cosa que no fuera beber y beber como posesos.
El completo estado de control y dominio en que Phyrium se encontraba así lo permitía.
Llamó al mesonero y pidió otro pichel de cerveza. Era el quinto desde que llegara a Kirthian, una vez Xindar había invadido con su brillante esfera plateada la inmensidad de la bóveda celeste. Estaba dispuesto a emborracharse aquella noche. También tenía derecho, ¿por qué no? ¿Acaso no se había dejado la piel y los arrestos tras millas y millas de viaje? La sensación de fracaso era demasiado poderosa. Trataría de olvidarla al menos durante algunas horas.
Además, por aquel día ya había cumplido. No había dejado un resquicio de la ciudad sin inspeccionar. Siempre de incógnito, eso sí, haciéndose pasar por un simple mercader de especias en búsqueda de clientela. No había sido difícil conseguir el distintivo donde rezaba que estaba autorizado por el régimen a mantener relaciones comerciales; en realidad no había dejado de asombrarse de ver cómo sus habilidades teatrales se habían agudizado en los últimos años. Esa era una faceta que jamás había sospechado poseer, su condición guerrera desde la más tierna juventud nunca lo habría sugerido.
Kirthian resultaba tan decadente como cualquier otra población del país. Probablemente doce temporadas atrás, antes de la caída de Erion, su aspecto habría sido profundamente diferente. Pero ya estaba acostumbrado, los años de penurias habían encallecido muchos de los corazones, y el suyo no era una excepción. El frío casi permanente también condicionaba, a su manera. Si al menos pudiera retornar a sentir el maravilloso influjo del Fuego Blanco… Sabía que podría haber contactado con alguno de los muchos enlaces dispersos por las ciudades más importantes, pero su incontestable sentido de la responsabilidad no se lo había permitido. Tampoco se había atrevido a poner en marcha la Fórmula él mismo. El riesgo a ser descubierto era demasiado alto.
El interior de la cantina no mostraba una imagen diferente a la del resto de la urbe, y si lo hacía era para peor. Al elenco de personajes tristes y abatidos que dominaba las calles, allí había que añadirle el componente de una intensa degradación. Sin la presencia de mujer alguna con la que al menos alegrarse la vista (estaba prohibida en las tabernas desde la llegada al poder de Saurk), el resto de comensales no pertenecientes a las razas hostiles solo suponía un conjunto de individuos aislados, sin apenas conversación entre unos y otros, con el entendimiento tiranizado por un elemento casi inaudito en tiempos de Erion: una ingente cantidad de alcohol en sangre. No es que en el antiguo orden no se disfrutara del placer de la bebida, el viajero lo recordaba con un amago de sonrisa en el rostro. La diferencia radicaba en que nunca había sido utilizado como refugio para las penas, sino únicamente como medio de expresión de la alegría, de esa que procedía de lo más profundo.
La alegría. Apenas recordaba ya el significado de aquella palabra.
La puerta se abrió de una tremenda patada. Ese era el inconfundible estilo del kretor borracho. Junto a los vozarrones y las risotadas, unos cuantos rayos añadidos procedentes de Xindar permitieron que la visión dentro del tugurio adquiriese un mayor grado de nitidez durante unos breves instantes. El sujeto solitario que se sentaba dos mesas a la derecha del viajero dio un pequeño respingo, lo que de alguna manera llamó su atención. El extraño personaje apenas se había movido en toda la noche y un único vaso de vino de Gildoesh había acompañado su enigmático silencio. Durante unos escasos instantes, al viajero le había dado una vuelta el corazón, cuando su ya un tanto aturdida cabeza pensó que quizá el extraño podría ser aquel a quien tanto tiempo llevaba buscando. Un vistazo a sus redondeadas orejas le había bajado a la realidad de la misma fulgurante manera con la que había ascendido a la nube instantes antes.
La puerta se cerró con otro golpe. Menos mal que los ventanales eran amplios y el baño de plata era lo suficientemente poderoso como para dotar de estampa a casi todas las cosas. Los ojos también habían acabado por acostumbrarse a la perpetua penumbra de las noches de Phyrium. Si al menos Xpin no se hubiera dado a la fuga…
En el fondo el viajero agradeció la llegada de los esbirros. En la mayoría de ocasiones eran ellos, aun con su infame y simplona conversación, los únicos que lograban sacar del ensimismamiento a los tristes pobladores de las tabernas.
Siempre que las brutales borracheras no hicieran interferencia alguna en sus letárgicos estados.
—¡Ja,ja,ja, esa ha sido buena, Bradurtz! ¡Mojados! ¡Claro! ¡Ja,ja,jaaa! ¿Cómo si no ibas a sacar a los tres enanos del estanque? ¡Mojados! ¡Jaaaaaa, ja, ja!
Por Mortuar, la estupidez de los kretor no había disminuido un ápice en todos esos años, pensó el viajero con un leve desprecio, pues la repugnancia se había ido disipando con el paso del tiempo. Según otra de las muchas habladurías que corrían por doquier, la propia Fariae había sudado sangre tratando de elaborar algún conjuro capaz de incrementar el nivel de inteligencia de sus esbirros más numerosos. Estaba claro que no lo había conseguido.
Por otro lado, toda esa insensatez no dejaba de ser una perfecta bendición en cuantiosas ocasiones.
—¡Pues escucha esta otra! —Los recién llegados habían invadido la barra y expulsado a empellones a dos elfos que allí se ubicaban mientras bebían tranquilamente—. ¿Por qué nombre fue conocida la madre de todas las furcias en Phyrium?
Las carcajadas dieron paso a un extraño rumor de incomprensión.
—Pero eso no es un chiste, ¿verdad, Liebartz?
El viajero fue ahora el que dibujó una ligera sonrisa. También vio que algunos de los presentes la disimulaban de igual forma. Era cierto, al menos la presencia kretor conseguía entretenerles de alguna manera.
—¿Y qué importa que no sea un chiste si te apuesto lo que quieras a que acabas por reírte? —declaró el tal Liebartz metiéndose de un solo trago el vaso de vino rancio que el tabernero les había servido aun sin haberlo pedido.
—¡Ja, ja, ja! —rieron los demás.
—¡Pues venga, no te lo pienses! ¡Dinos cómo se llama la zorra esa! ¡Jaa, ja, ja!
Un mórbido silencio se instauró durante unos instantes, como la calma que precede a la tempestad.
—¡Pues… Kyntark! ¡La madre de todas las putas se llama Kyntark! ¿Acaso ya no os acordáis de ella?
La explosión de risas y de golpes en las mesas hizo tambalear parte del ajado mobiliario.
Poco rato después, cuando todo parecía regresar a la normalidad, la voz de un enano desde el otro lado de la sala llenó a todos de estupor. Debía ser que había encontrado aquella noche como la más propicia para abandonar el mundo de los vivos.
—¿A cuento de qué viene mentar ahora a Kyntark y despreciarla de esa manera cuando son más de doce años los que lleva muerta?
El viajero incorporó el torso con cautela. Aquello suponía una auténtica novedad. A no ser que ese enano perteneciera, cosa bastante poco probable, al cuerpo de enlaces de la Furtiva Resistencia, nadie más osaba levantar jamás la voz contra el poder establecido.
Y mucho menos cuando se estaba en notable minoría.
—Creo que mis orejas de kretor han oído una voz de escoria enana imprecando contra nosotros, chicos. ¿Vosotros no?
La incipiente borrachera pareció desaparecer de un plumazo de los ojos de aquel esbirro, que por su particular atuendo debía de ser el que estaba al mando.
Hubo murmullos de asentimiento. Por el rabillo del ojo el viajero vio cómo el tabernero tragaba saliva de manera ostensible.
—Levántate, basura y repite eso si tienes agallas.
El estruendo siguiente hizo que el viajero ahora sí que se incorporara del todo. La segunda mesa de su derecha había salido despedida hacia delante como empujada por un poderoso resorte.
Se trataba del extraño y silencioso sujeto. Si alguna vez había contemplado un rostro desencajado por el odio, no habría podido competir con el que ahora asomaba ante sus ojos. Ni siquiera la luz diurna se lo habría mostrado con tanta claridad.
—No solo el enano lo va a repetir, sino que tú además vas a retirar inmediatamente lo que acabas de decir.
Los kretor se miraron entre ellos con un gesto de estupefacción que al poco desembocó en otra oleada de carcajadas.
Una oleada que quedó radicalmente suspendida cuando la testa del cabecilla se elevó algunos palmos por encima de su cuello. No tuvo tiempo de desdecirse.
El viajero nunca había visto a nadie usar la espada a tal velocidad. En realidad no podía ni imaginar de dónde la había sacado; el régimen prohibía también el uso de armas a la población dominada.
Pero aquel filo relucía bajo los haces de Xindar y su reflejo en el rostro del extraño hizo que el juicio del viajero se colmara de verdad.
Allí estaba, ese era; acababa de encontrarle.
Ahora lo entendía. Lo de las orejas no debía de ser otra cosa que un hechizo de ocultación.
De todos eran sabidas las dotes mágicas de Tregord, el revientakretor.
Antes de que el viajero se decidiera a extraer la daga que ocultaba bajo las calzas, Tregord había ya fulminado a los cuatro subalternos del comandante. La taberna alojaba a otros cuantos esbirros, todos ellos en condiciones deplorables a causa del alcohol.
Pero ni en plenas facultades habrían hecho rasguño alguno sobre aquel vendaval de furia y muerte.
Le llamaban revientakretor, sí, pero los rumores hablaban de asesinatos a sangre fría sobre individuos de cualquiera de las razas. Nada se sabía acerca de sus motivaciones, pero parecía evidente que la mayor parte de su odio lo descargaba sobre los esbirros de Saurk. Un número considerable de Crithnos también había dado ya buena cuenta de su misterioso poder.
La sangre pútrida de los kretor se extendía como manantial de agonía sobre el sucio suelo del local. Todos los presentes respiraban agitados; habían reconocido a Tregord, probablemente no habría ya lugar en Phyrium en el que no se hubiera oído hablar de él.
Se había convertido en algo así como el monstruo que se lleva a los niños cuando no se portan como deben.
El revientakretor soltó unas monedas sobre el mostrador. El rostro había retomado su cariz reposado y fue en ese momento cuando el viajero pudo advertir, de manera fugaz, el acabado puntiagudo de una de sus orejas de elfo.
No pasó ni un suspiro desde que Tregord abandonara en silencio el asombro que había dejado en la cantina hasta que el viajero salió detrás de él para seguir sus pasos de cerca.
Moist y los demás se llevarían una inmensa alegría. Él, Hieray, hijo de Dhelgast, al fin había culminado la primera parte de la misión que le había sido encomendada. Ahora solo faltaba convencer a Tregord de que uniese sus fuerzas a la causa de la Furtiva Resistencia.

Creo que he sido la primera
Leído y disfrutado, Velkar. Ya te envío un correo mas tarde
He sido muy escueta porque me han interrumpido, pero ahora quiero felicitaros como os mereceis.
La progresion es increible y la verdad, los uqe hemos disfrutado con Gales vamos a estar en ascuas ante lo que nos poneis delante. ¡¡¡¡¡Enhorabuena!!!!!!
Si seguis así va a ser un autentico disfrute
Gracias, Shilar!!!!!!
Pero, una cosa, te falta un detalle para alzarte como la ganadora del premio. Revisa la entrada donde lo explicaba, please.
Besazos!!!
Jajajajaja
Lo he visto por casualidad, cuando le estaba enseñando tu página a una compañera y le enseñaba donde podía leer los primeros capítulos para ver si le apetecía comprarlo, pero tranquilo, no le he dejado leerlo, porque ¡¡¡menudo spoiler del primer libro!!!
Jajajajajja
bueno, creo que es el elfo, Nagaroth…, no hay otro personaje misterioso.
Ahora sí, el premio es tuyo, pero por la predicción, no por el acierto (en caso de que hayas acertado, jaja).
Y gracias por la propaganda!!!!
Esto no nos lo puedes hacer, Velkar. Un prólogo como este y ahora, ¡que! A ESPERAR….
Enhorabuena por el prólogo
Un abrazo
Pensaba escribirte un correo pero creo que no es necesario.
Queda muy visible el cambio de ritmo en la forma de presentarnos la historia, fluye con mucha más facilidad.
Me recordó muchas escenas de héroes deseando no tener más que luchar sus propias batallas cuando la gente insiste en que se les una. Y caen en exactamente el núcleo de su destino.
Lástima que sí. Todavía nos harán esperar mucho.
Sé que se os hará dura la espera, pero lo importante es que veáis que la cosa está en marcha.
Gracias por todo.
Bueno. Empieza fuerte. Espero que vaya igualmente bien hacia adelante.
Qué buen cominezo, Velkar, fuerte, como señala dafd.
Este párrafo es el que más me ha gustado:
“Por Mortuar, la estupidez de los kretor no había disminuido un ápice en todos esos años, pensó el viajero con un leve desprecio, pues la repugnancia se había ido disipando con el paso del tiempo. Según otra de las muchas habladurías que corrían por doquier, la propia Fariae había sudado sangre tratando de elaborar algún conjuro capaz de incrementar el nivel de inteligencia de sus esbirros más numerosos. Estaba claro que no lo había conseguido.”
Yo habría empezado con él.
¿Hay algún calendario estimado para los siguientes capítulos?
No hay calendario, Nando, pero iremos informando a medida que la cosa avance.
Gracias por la recomendación y el comentario. Lo mismo para ti, dafd.
Saludos!!